martes, 4 de julio de 2017

Escritor Baradit se pisa la cola con errores sobre O’Higgins


















Escritor Baradit se pisa la cola con errores sobre O’Higgins

“Pisarse la cola” es un antiguo dicho popular, cuya metáfora animal refiere al hecho de ser inconsecuente con uno mismo, hacer lo contrario de lo que se dice o caer en lo mismo que se critica. Esto le ocurre al escritor Jorge Baradit en su artículo “¿Es Bernardo O’Higgins el libertador de Chile?”[1]   

En el Prólogo del mismo libro en que poco después aparece el artículo de O’Higgins, señala que la historia contada en la escuela desde hace décadas: “está plagada de omisiones y tergiversaciones acomodaticias… simplificaciones torpes y los afanes pedagógicos moralistas… mutilando la historia y convirtiéndola a veces en un manojo de relatos patrioteros”.

Juzgue cada cual, tras leer esta nota, si no le ocurre justamente eso al relato de Baradit sobre O’Higgins. Para ello, revisaremos muy esencialmente las ideas centrales del relato.

1. La disputa entre O’Higgins y Carrera sería la de una revolución “(invasión) argentina”, la del primero,  y la de una “chilena”, la del segundo.
Silenciando, nada menos, que se trata de una guerra de independencia entre las colonias españolas americanas por un lado y el imperio colonial español, por otro, Baradit nos habla de un “ejército invasor argentino que destruyó al ejército chileno”.

Por “argentino”, se refiere al ejército de Los Andes, en el que se sabe bien documentadamente que, además de una mayoría de rioplatenses (entonces no existía Argentina), había fuerte aporte de chilenos, altoperuanos (actual Bolivia, que en ese entonces no existía) y ex esclavos negros. Pero más importante aún, que su objetivo y proyecto declarado de programa es la emancipación continental, lo cual se simboliza en el hecho de que la bandera de este ejército no es, a propósito, exactamente igual a la de las provincias del Río  de la Plata, sino diferente.  Baradit prefiere ocultar esto diciendo que era una bandera “albiceleste”, es como si se llamara “albiceleste” la primera bandera chilena de Carrera (tenía esos dos colores) para dar a entender tergiversadamente que era “argentina” .

El cual venció a las fuerzas realistas españolas en Chile, lo que Baradit llama el ejército “chileno”, aunque no tiene problemas en reconocer que habían cometido toda clase de crímenes y abusos contra la población de Chile (¿?). Se sabe con certeza que San Martín, que vivió y luchó desde los cuatro años de edad hasta los 40 en España, para luego venir a luchar en la independencia latinoamericana, hablaba con acento español y habló siempre de la independencia continental, nunca “Argentina”, todo un símbolo que la revolución era programática y no de supuestas nacionalidades que no existían.

El propio Carrera, ¡Ho, sorpresa! Y Ho, silencio enorme en el relato de Baradit, es un actor importante en las luchas internas post independencia en… Sí, las provincias del Río de la Plata, Argentina, como la llama a-históricamente Baradit. Incluso la actual Constitución federal de ese país tiene mucho de las ideas legadas por Carrera.

¿Acaso se trata de que Carrera “invadió” Argentina? Claro que no. Se trata de que Carrera y la Logia Lautaro compartían el mismo programa revolucionario esencial que era irrenunciablemente Continental, lejos de la caricatura “nacional” (más bien chovinista) de Baradit. Sus disputas obedecieron a muchos otros factores, tal como ocurre hoy en que vemos fuerzas programáticas con el mismo programa esencial, pero separadas por una serie de otros factores complejos, entre los que están incluso las odiosidades personales.

Las propias palabras finales de Carrera: “Muero por la libertad de América” son lapidarias para el relato de Baradit y hacen estallar su invento de “dos revoluciones”, “una chilena” y de seudo nacionalismos actuales trasladados a-historicamente a la época independentista.  

Además de este criterio de origen nacional de los integrantes de los ejércitos, a-histórico, incongruente y poco riguroso, ya que justamente no existían esas nacionalidades tal como las conocemos hoy, para justificar las supuestas “dos revoluciones”; además de ignorar o silenciar por completo el carácter irrenunciablemente continental de todos los revolucionarios, carrerinos y lautarinos, Baradit también apela a los siguientes argumentos:

2. Carácter masónico de la Logia Lautaro de O’Higgins, financiada desde Inglaterra.
Se sabe con absoluta certeza y sin discusión que las logias patriotas tomaron los métodos clandestinos de organización de las masónicas pero no eran para nada más lo mismo. Fueron diferentes por el objetivo y por la autonomía de sus decisiones. Prueba de ello es que masones pelearon por ambos bandos, realista español e independentista latinoamericano.

El propio José Miguel Carrera, como se sabe con absoluta certeza, fue masón, integrado en logias de Estados Unidos, y sin embargo, enemigo jurado de la Logia ¿”másonica”? Lautaro de O’Higgins y San Martín.[2] 

Pero ¿qué hacía Carrera en Estados Unidos?
Ho sorpresa, Sí, buscaba y finalmente recibía, financiamiento. ¿Entonces, cómo puede ser él representante de la revolución “chilena” frente a la otra que se “financia de Inglaterra”? Porque Baradit no solo ignora o silencia este hecho, sino más importante aún, ignora algo fundamental, no solo en la independencia  sino en toda lucha humana desde siempre y fácilmente visible hoy mismo: que todos quienes enfrentan a un enemigo poderoso necesitan y deben buscar alianzas tácticas con quienes no comparten objetivos finales o esenciales pero sí circunstanciales.

Por eso, Francisco de Miranda, fundador de la “logia financiada por Inglaterra” (como la llama Baradit) primero fue, años antes, cuando era oficial del ejército español, combatiente internacionalista al lado de las colonias inglesas de Norteamérica contra Inglaterra. Por eso, los esclavos negros haitianos pelearon, enviados por el imperio francés, en ese mismo bando y esa misma revolución, donde se convirtieron en cuadros que después se volvieron contra el propio imperio francés e hicieron la primera revolución de independencia latinoamericana y el primer estado sin esclavitud del mundo. El propio José Miguel Carrera encontrará financiamiento, armas, barcos y apoyos de la naciente potencia imperial norteamericana. Rober Poinsett será internacionalista norteamericano en las filas de Carrera y pocos años después estará en México buscando robar territorio mexicano para Estados Unidos bajo la doctrina imperialista Monroe.[3]

¿Quiere decir esto que Carrera era agente norteamericano? Por supuesto que no. Carrera, igual que la Logia Lautaro, que todos los revolucionarios de esa época, y de todas las épocas, incluida la presente,  necesitaba y debía buscar alianzas tácticas, momentáneas, pasajeras, con actores que no compartían o incluso eran adversarios programáticos, pero con los que había coincidencias de intereses en el momento.

3. “San Martín… pensaba que lo mejor para América Latina –Chile y Argentina también- … ¡eran las monarquías!”
Lo primero que uno se pregunta es porque entonces se tomó tanto trabajo, deterioró gravemente su salud y arriesgó tanto su vida, para luchar y finalmente derrocar…. ¡a una monarquía¡

Porque Baradit ignora de nuevo por qué se estaba luchando esa guerra, y no era por monarquías versus repúblicas. Ocurre lo mismo que con las nacionalidades tal como las conocemos hoy que no existían entonces. La guerra era por la independencia del imperio español, la unidad continental y contra las castas oligárquicas; y la cuestión de si para eso se usaba una monarquía constitucional o una república era difusa y táctica en la época, de forma y no de fondo.  

Carrera, en 1817, se asila en Montevideo, ocupado por el general Lecor, al mando de un ejército portugués, monarquista y esclavista. En 1820, es nombrado “Pichi Rey” por los indios ranqueles. Sin que a nadie se le ocurra (o eso esperamos) tomar estos hechos como una prueba de su supuesto “monarquismo”.  

Miranda, por ejemplo, hace sus primeros proyectos independentistas para monarquías constitucionales (incas) y luego se inclina más por la forma republicana. El Congreso de Tucumán, primero en declarar la independencia suramericana en 1816, aprueba un proyecto de “incanato suramericano”.

San Martín, que fue republicano siempre, mira la monarquía como una necesidad puntual y transitoria para conservar la independencia en Perú ante graves dificultades que amenazan con perderla. O’Higgins, su aliado y estrecho amigo personal hasta muchas décadas después, discrepa y se mantuvo republicano radical siempre. Ambos son programáticamente, de fondo, independentistas, antimperialistas y anti oligárquicos (San Martín se ganó el odio de la nobiliaria Lima por sus leyes a favor de indios y negros), no los separa una cuestión de forma, táctica, sino que los une el programa esencial.

4. O’Higgins sería autoritario y criminal (implícitamente, Carrera no lo sería)
Es innegable que la odiosidad personal y de grupo entre carrerinos y lautarinos llegó a extremos incontenibles. Y aunque Baradit silencia el dato fundamental de que se trataba de un odio mutuo y equivalente, existe abrumadora prueba histórica de que los Carrera no habrían actuado diferente a la Logia Lautaro, de haber ganado la pugna. Por dar un ejemplo, en cartas a su esposa Mercedes, José Miguel escribe respecto de su planes de derrocar el gobierno de O’Higgins en Chile, literalmente, que bastaría con “ahorcar cuatro brivones” y que es una “lástima que Riquelme [O’Higgins] no tenga mil pescuezos para medio pagar”.[4]  Esto es mucho antes del asesinato de sus hermanos por la Logia Lautaro.

Lo cierto es que las circunstancias dieron por vencedores a los lautarinos y estos actuaron movidos por esa inquina, asesinando a los Carrera y más tarde a Manuel rodríguez. Un hecho deleznable, triste e injustificable, que muestra las limitaciones y errores de esos revolucionarios, pero que no niega que es muy probable que los Carrerinos hubieran hecho lo mismo y que a pesar de lo ocurrido compartían el programa esencial de independencia, continentalidad y anti oligarquía.

Así se explica porque Manuel Rodríguez, siendo carrerino, luchó junto a la Logia Lautaro en la independencia de Chile. O porque Carrera escribió a Simón Bolívar en 1816 para reafirmar la idea de lucha continental conjunta, el mismo Simón Bolívar a cuyas órdenes, y por las mismas razones de Carrera, se pondrá O’Higgins en la campaña final de Ayacucho.  

¿Por qué silenciar esto tan importante y tan vigente para enfatizar solo unilateralmente las odiosidades personales y de grupo? ¿A quiénes sirve esa media verdad finalmente?

Respecto del autoritarismo de O’Higgins, baste decir que, como está bien documentado e indiscutido, fue el más fuerte impulsor del primer congreso chileno y un irrenunciable republicano que se negó a las fórmulas monárquicas constitucionales consideradas por muchos revolucionarios patriotas.

Ciertamente, que realizó acciones fuertes, militares, ¿pero acaso puede esperarse otra cosa en tiempos turbulentos de guerra y de incipiente, convulsionada construcción de un estado? ¿Acaso Carrera no dio tres golpes de estado en el corto período de la primera independencia? ¿Acaso no siguieron 10 años de luchas violentas, autoritarias y criminales, tras el derrocamiento de O’Higgins? ¿Dónde estaban los no autoritarios ni criminales entonces?

Llama la atención que Baradit no encuentre incongruencias entre el derrocamiento del supuesto O’Higgins autoritario y criminal y las medidas de su gobierno que afectaron a la más reaccionaria y conservadora oligarquía nobiliria, latifundista y de la iglesia, tales como la eliminación de los títulos, los mayorazgos y el monopolio de cementerios en las iglesias solo para los ricos y católicos, quienes lo terminaron derrocando.

El autoritario y criminal O’Higgins es hasta ahora, sí hasta ahora, el único, sí el único, jefe de estado chileno que reconoció la independencia del pueblo Mapuche.[5] ¿Puede alegremente silenciarse, como algo nimio y sin importancia, este hecho en un país cuyos crímenes contra el Pueblo Mapuche son su herida abierta hasta hoy?

De ahí que resulte falso, injusto y triste la imagen de la caratula del libro de Baradit de un O’Higgins con el gesto y los lentes del Pinochet golpista, quien hizo exactamente lo contrario, favoreció en todo a esos mismos sectores privilegiados y derrocó un a un Presidente, Allende, que hizo exactamente lo que O’Higgins, afectar sus intereses.      

Historia, ¿para qué?

Si bien se aplaude la iniciativa de usar la anécdota, la sencillez y la actualización para llevar la memoria histórica a la gente, haciéndola más atractiva, esto no puede ni debe hacerse sacrificando la rigurosidad histórica, lo que equivale a dar un paso adelante y otro atrás.

El recurso fácil de apelar a los egoísmos chovinistas y enfatizar las bajas pasiones de encono personal  y de grupo conecta rápido con el sentido común de esta sociedad enferma precisamente de eso, ¿pero es eso lo que buscamos o queremos buscar?

Debemos y podemos buscar el rescate actualizado de nuestra memoria histórica, superando la arena movediza y el campo minado de mentiras, calumnias, silencios y tergiversaciones, pero para construir una sociedad más sana y más humana, independiente, justa y continental, como la soñaron y por la que lucharon O’Higgins y Carrera, dos grandes patriotas, no perfectos, ni angélicos, ni inmaculados, sino imperfectos y limitados, pero comprometidos ambos de igual manera con una idea y un pueblo.
   
El gran cubano universal, José Martí, escribió estas palabras para otros libertadores independentistas pero que sirven totalmente para estos gigantes que hemos comentado aquí, Carrerinos y Lautarinos: “Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz” .[6]

  




[1] Corresponde al Capítulo 1 del libro: Baradit, Jorge (2016). Historia secreta de Chile 2. Sudamericana. Chile. Páginas 17 a 31. 
Consultada el 4 de julio de 2017.
[4] Cartas del 16 y 22 de mayo de 1817.