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lunes, 23 de junio de 2014

PERÚ: RETROCEDIENDO HACIA LA COP 20


El gobierno de Perú, país anfitrión de la próxima vigésima Conferencia de las Partes sobre el cambio climático COP20, a realizarse en diciembre de este año, no ha sentido la necesidad de guardar aunque sea mínimas apariencias de responsabilidad ambiental ante esta cita histórica que le toca organizar y hace unos días ha presentado públicamente un paquete de medidas que debilitan la incipiente institucionalidad ambiental y permiten mayores niveles de contaminación del medio ambiente, violando de paso normativas internacionales y nacionales que obligan al estado peruano.

Como en los tiempos de la época colonial, en que los pueblos originarios compartieron la suerte de la naturaleza, sufriendo igual explotación y saqueo, el gobierno ha argumentado estas medidas bajo el eufemismo de “flexibilización ambiental” para incentivar las inversiones, de manera idéntica a la “flexibilización” laboral que argumenta para anular derechos a los trabajadores.

Más allá de los eufemismos y los discursos políticamente correctos, el mensaje es inequívoco. La preocupación ambiental es un decorado aceptado de mala gana, que el gobierno considera de suyo opuesto al crecimiento económico, el cual a su vez se erige como verdad incuestionable, que se busca legitimar además como solución a la pobreza, a pesar de los datos de la realidad, tan paradojales como las medidas del anfitrión de la próxima COP.

En el año 2013, el Perú tuvo un crecimiento macroeconómico de 5,2%, con el cuarto lugar entre más de treinta países latinoamericanos (CEPAL, 2014). Contradictoriamente, según propias cifras oficiales del INEI, este mismo año la pobreza aumentó -sí, leyó bien, aumentó- en ocho regiones del país.

Cajamarca, una de las más emblemáticas de entre muchas con graves y persistentes conflictos ambientales, que incluyen varios ciudadanos muertos por la represión policial durante este gobierno, es la más empobrecida del país, a pesar y en contra del discurso oficial de la inversión y el crecimiento, ya que es en esa misma exacta región donde la cuestionada minera Yanacocha lleva más de diez años “invirtiendo”.  

No cuesta mucho adivinar que probablemente veamos aumentar los conflictos sociales a futuro en el Perú. Más desalentador aún, es que el Perú oficial, desde su lugar de anfitrión de la COP20, haya dado este objetivo golpe de debilitamiento a los ya de por sí difíciles resultados que la humanidad necesita y espera de la Conferencia.
 
En ese mar de paradojas, resulta triste, pero también de lo más lógico, reconocer la realidad de que el Perú no avanza, sino que literalmente retrocede, hacia la COP20.



Ricardo Jimenez A.
 


   

sábado, 31 de mayo de 2014

COMENTARIOS AL NUEVO DISCO DE JORGE MILLONES


Kurt Cobain, el famoso vocalista de la banda de rock Nirvana, decía que en las buenas o grandes canciones la melodía lo era casi todo. Y creo que el nuevo disco de Jorge Millones, “Crítica de la miseria pura”, viene a ser otro ejemplo de que esa afirmación es completamente acertada. Un factor común y que distingue a todas las canciones del disco de Jorge, por encima de las diversas temáticas en sus letras, es la presencia de una muy buena melodía. 

Es lo que comúnmente llamamos “la música” de una canción, y las músicas de las canciones en este disco de Jorge producen lo que los conocedores llaman “goce estético”, es decir, gustan, se disfrutan y tienden a quedarse grabadas, son “pegajosas”.

Se trata de un primer nivel de acceso al disco que es el más directo y el más amplio. La melodía llega al mayor número de personas porque no exige otro requisito que el disfrute, para el cual todos y todas, sin excepción, estamos capacitados. Y Jorge Millones, con el impecable acompañamiento de su banda de talentosos jóvenes en guitarra, percusión y coros, nos regala un disco lleno de melodías memorables, destinadas antes que nada a hacernos disfrutar, que es quizás la primera tarea del arte.

Pero Jorge logra todavía más en su disco, algo que es escaso y muy feliz, la perfecta conjunción de esas bellas melodías con afortunadas letras.

Mientras la corriente de la cultura hegemónica en el mundo y el Perú actual celebra y refuerza con toda intención la superficialidad, la banalidad, la reproducción de prejuicios discriminatorios y anti valores, Jorge hace una apuesta fuerte y arriesgada y nos entrega un disco conceptual.

Es decir, un disco en que cada una de las canciones e incluso la gráfica,  forman una sola y única obra, en torno a una sola idea rectora. Ejemplos clásicos de discos conceptuales son el “Sargent Pepper” de los Beatles y “El lado oscuro de la luna” de Pink Floyd.

Yendo aún más lejos a contra mano de la cultura basura hegemónica, Jorge centra este concepto del disco nada menos que en la crítica. Una idea fundamental para la cultura occidental y la política moderna a lo largo de los últimos siglos. Así lo refleja el nombre del disco: “Crítica de la miseria pura”, que parafrasea la célebre obra del filósofo prusiano Inmanuel Kant a fines de 1700, y también la gráfica de Jorge Miyagui en el disco, que “peruaniza” genialmente la estética asociada a aquella vieja obra.    
   
Jorge recoge ese camino, esa tradición y la actualiza. Se hace el cronista de los claroscuros de un Perú neoliberal autocomplaciente, que se niega a mirar las grietas y a escuchar los crujidos del cartón piedra de su escenario holibudense. Pero también de una izquierda incómoda con la memoria de caminos extraviados, carcomida por una irresponsabilidad tan antigua como insuperable, y aferrada a contradictorias vanidades personales.

Es una crítica implacable pero que no se desbarranca, sino que logra tomar justo a tiempo la curva cerrada de la reconciliación con nuestra humanidad. Es en este punto que el disco se inscribe plenamente en el siglo XXI, para superar la tradición y sus limitaciones. Un símbolo de esto es el significativo verso cantado con el emblemático hiphopero Pedro Mo en la canción “A botar la basura”, donde dice, en referencia a su abuela: “La vieja sabe que miente la radio, que miente la tele y que le miento yo”. A diferencia del siglo XX, la crítica incluye a quien critica, incluye al yo, algo impensable para nuestra tradición de izquierda hace tan sólo unas décadas atrás.

Otro ejemplo en este mismo sentido es el de la canción “Valor agregado”, que es una crítica a los anti valores competitivos del capitalismo neoliberal que no dejan lugar a relaciones personales sanas, basadas en el amor, pero también y al mismo tiempo a discursos y prácticas de militancia que bajo lemas altruistas han encubierto una idéntica incapacidad de generar y sostener relaciones personales sanas.  

Jorge logra el arte de trasmitir todo esto sencillamente, subordinando el filósofo de su formación universitaria al trovador y su arrolladora vocación popular. Lejos de esa incapacidad de comunicarse que algunos pretenden elevar a la categoría de erudición, Jorge se deja entender casi sin requisitos de formación previa, incluso cuando nos habla de Nietszche, el controvertido y rompedor filósofo alemán de fines del siglo XIX, a quien llama en el disco como “Federico” “faite” o “bandolero”.   

En ese mismo sentido, abundan las alusiones a dios y a personajes bíblicos -algo que indefectiblemente me recuerda la obra del gigante compositor peruano, Manuel Acosta Ojeda-, y que representan el uso afortunado de códigos culturales, más que religiosos o históricos, que se comparten y conectan con toda la población del Perú, de América Latina y gran parte del mundo actual.

A ello se suma otro rasgo de esta obra de Jorge que lo pone en lo que yo llamo la crítica del siglo XXI, y que lo conecta también con amplias mayorías de personas: la alegría. Que se ejerce sin permiso, ni del poder económico y represivo que nos oprime, ni de esa intelectualidad que pretendió que para ser críticos había que ser tristes y amargos. Enemigos de la injusticia, extraviaron el camino y se hicieron también enemigos de la alegría de vivir.

Incluso en este disco centrado en la crítica, la propuesta revolucionaria de Jorge, aunque necesariamente negadora de lo mucho que está mal, es finalmente convocante, afirmativa, alegre. Se las arregla para hacer resistencia a esa tradición que quiere que el precio de la dignidad sea la amargura. Se rebela también contra ella, como si se tratara de un mal dios o de un padre equivocado.

Esto, antes que nada, está en sus melodías, cuyo espíritu es mayoritariamente agradable y alegre, como ya comentamos. Pero también en sus mensajes. Si Jorge es el cronista de cansancios y dolores, lo es igual de las agitaciones del amor y del deseo. Se hace también el vocero, como dicen sus canciones en este disco, de “Apolos y Dionisios”, “besos tibios, mojados de eternidad”, “sonrisas que te di”, “soles que dicen en tus ojos”, “flores que crecen sin permiso” y “filósofos que se matan de risa”.

Termino por el principio.

La primera vez que escuché partes adelantadas de este disco, antes de estar terminado siquiera, me golpeó fuertemente una de sus canciones, me tocó emocionalmente de manera inmediata: “Para una crítica de la resignación”. Me dije: “es mi canción”, “es la canción de mi generación”. Vengo de Chile, pero hablo de una generación también peruana y latinoamericana, que ha travesado un mismo río de esperanzas y sacrificios en toda Nuestra América.

Tomo como una señal significativa que, coincidentemente, sea la canción más colectiva y generacional del disco, en que cantan junto a Jorge los talentosos Pedro Novoa y Yuri Boluarte, la soberbia Consuelo Romero y el maestro Omar Camino. Se trata de una canción cuya melodía hermosa y reflexiva, acompaña el relato de todos los intentos derrotados, las esperanzas frustradas, los caminos extraviados, los cariños perdidos, la fe desbaratada. Es la pintura del naufragio y de los restos de ese naufragio, político y personal, en que a veces veo a mi generación.

Pero no es el inventario que precede a la liquidación de la voluntad. Ni la lamentación que justifica la renuncia a la dignidad y la indignación. Es un reconocimiento sincero y redentor para afirmar la voluntad y el compromiso de la manera más libre imaginable.

Si en siglos anteriores se creyó afirmar los compromisos en visiones mecánicas de la historia que garantizaban un triunfo inevitable, prácticamente automático, ahora sabemos que no hay garantías, que nosotros hacemos la historia y somos responsables, que sí, que la derrota es una posibilidad. Ahora, nuestros compromisos nacen, y deben nacer, de la libre opción por lo que es correcto, lo que es ético, lo que debe prevalecer y prevalecerá por el bien de la vida.

Por eso, sin necesidad de dioses ni garantías mecánicas de la historia, a pesar de la más legítima tristeza; como dijo Salvador Allende: “con más pasión y más cariño, con calma, con absoluta tranquilidad”; decimos con Jorge Millones en su disco: “Aquí nadie se rinde, aquí está el corazón”.

Gracias, Jorge.

viernes, 14 de febrero de 2014

Reflexiones personales sobre ministros y nacionalistas


Durante varios años participé de las esperanzas y esfuerzos de grandes sectores del pueblo peruano por llevar al Humala candidato a la presidencia. En ese camino conocí a varios jóvenes militantes del Partido Nacionalista, con algunos y algunas incluso llegué a tener una sincera estimación.  

Tras las matanzas de manifestantes en Cajamarca y Espinar, con las que el Humala presidente se entregó sin limitaciones a los poderes fácticos de siempre, perdí todo contacto con ellos, salvo por alguna ocasión en la que nos encontrábamos casualmente.

En esas ocasiones, algunos de estos  jóvenes que aún permanecen al lado del gobierno nacionalista, se me acercaban y tras saludarme, comenzaban a explicarme que ellos se mantenían dentro del partido de gobierno porque luchaban internamente “para enmendar el camino”, que había distintos tipos de nacionalistas y ellos seguían siendo auténticos defensores de la soberanía, los derechos del pueblo y la unidad latinoamericana.

Era al mismo tiempo un claro reconocimiento de la traición de Humala en el gobierno, al que se buscaba presentar como una especie de pasajero extravío en el camino, y también una justificación “ética” de la propia presencia en ese extravío, luchando por enmendarlo.

Con el tiempo, cada vez se me hacía más difícil poder creerles, tras la sucia falsedad que fraguaron con apristas y fujimoristas en el congreso contra Javier Diez Canseco; la renovación de contrato a Telefónica por casi 20 años, sin que pague un sol y debiendo 5 mil millones de soles al estado; la mantención y confirmación de la infame Alianza del Pacífico anti latinoamericana; la repartija de cargos del estado con el fujimorismo; la privatización de Petroperú y su prohibición de industrializarse; y en fin, una larga e indecorosa lista.

Ahora, con el auto aumentazo de los ministros al 100% de sus salarios millonarios, los mismos ministros que niegan presupuestos y sólo tienen denuestos, palos, balas, perros, caballos y policías para lanzar sobre trabajadores estatales que piden subir sus salarios, que son de los más bajos en toda la región, comprendo finalmente que estos nacionalistas con los que hablaba tenían razón.

Hay diferentes nacionalistas dentro de su partido: los de 1.000 soles mensuales, los de 3.000 soles mensuales, los de 6.000 soles mensuales y los de más de 6.000 soles mensuales y sin límite hacia arriba.

   

jueves, 19 de diciembre de 2013

Chile puede perder en La Haya pero comprar Petroperú


Parece un chiste, pero no lo es. El congreso peruano acaba de aprobar una ley, N° 3062, que desnacionaliza una de las principales riquezas del país: el petróleo. El artículo 3 de esa ley permite vender la propiedad de hasta el 49% de Petroperú, la empresa estatal nacional del petróleo, a capitales extranjeros, incluso estatales, por ejemplo de Chile, con quien en el mismo momento se tiene un diferendo marítimo limítrofe en la Corte Internacional de La Haya.

Pero eso no es todo. Chile, literalmente, podría también obtener los beneficios de la industrialización del petróleo peruano, con más y mejor empleo, desarrollo técnico y valor agregado. El artículo 6 de la misma ley impide expresamente que la empresa estatal nacional, o sea el Perú, pueda desarrollar y beneficiarse de esa industrialización, entregándola a manos privadas y extranjeras.

Si hasta ahí parece un chiste, lea todavía esto: la mayoría del congreso, y el gobierno, que han impuesto esta ley  dicen llamarse “nacionalistas”. 

En octubre de 1968, el gobierno del general Juan Velasco Alvarado nacionalizó esta empresa petrolera, entonces en manos de capitales trasnacionales norteamericanos. Para ello ocupó militarmente las instalaciones petroleras de Talara. Ahora, 45 años después, se produce esta desnacionalización teniendo como escenario la misma Talara, cuya modernización es el objeto de la ley 3062.

En el año 68, la nacionalización significó una dura lucha del país y en especial de los trabajadores y técnicos  petroleros peruanos que debieron superar los bloqueos, sabotajes y amenazas de los poderes petroleros privados mundiales, para finalmente salir airosos y operar eficientemente conservando aquella riqueza para el Perú. A los congresistas oficialistas les tomó sólo unas horas y una firma para terminar con ese legado.
 
Mientras la joven congresista por Cusco, Verónika Mendoza, presentaba una moción de su bancada, Frente Amplio Acción Popular, para discutir de forma separada estos dos artículos, la señal del canal de televisión del Congreso dejó, causalmente, de trasmitir.   

Ahora, se preparan actividades para lograr una iniciativa ciudadana que termine forzando al congreso a derogar estos dos artículos. Está por verse si este movimiento nacional y ciudadano tiene éxito. Por ahora, es un hecho que Chile podría perder en el inminente fallo bilateral en la Corte de La Haya, pero bien puede comprar Petroperú.

Algo así como si todavía siguiera ganando la guerra del Pacífico, al igual que en el pasado, no tanto por sus propios méritos, sino más por la conducta de la clase dirigente peruana.

lunes, 2 de diciembre de 2013

CASO LÓPEZ MENESES A “EL VALOR DE LA VERDAD”


Una de las paradojas más notables del Perú neoliberal actual. Mientras buena parte de la población limeña miraba con ojos redondos el programa de Televisión “El valor de la verdad”, donde a cambio de grandes cantidades de dinero una ex modelo de playboy peruana contó al país sus amoríos con un famoso futbolista casado, se cumplieron varias semanas desde que fuera denunciado a la opinión pública el escándalo de una enorme custodia policial ilegal a Oscar López Meneses, un oscuro operador de la mafia dictatorial fujimontesinista, y no hay ni la más mínima información que aclare el grave caso.
Los contribuyentes peruanos, que simplemente parecen no tener derecho a saber cómo y por qué se gastaba de esa manera ilegal el dinero público para proteger casi con rango presidencial a un reconocido mafioso y corrupto, tienen en cambio la compensación de conocer con detalle toda la verdad de las escabrosas infidelidades de modelos playboy y futbolistas.
“El valor de la verdad” con las revelaciones intimas de la modelo playboy arrasa en audiencia y cobertura“noticiosa” por parte de los demás medios, la mayoría en manos de los mismos pocos dueños. Encima, con el valor agregado pedagógico que pretende entregar el conductor del programa, quien con pose de seriedad y voz impostada le dice en algún momento a la modelo playboy: “es muy sabio lo que dices”.
Habrá que pensarlo como un intento de aportar a la educación del país, declarada como “clave” por el presidente de la república en su discurso público, aunque en la práctica mantiene inamovible el presupuesto para ella en apenas el 3% del PBI, uno de los más bajos de toda la región. También mantiene al canal nacional del estado, que podría ser perfectamente una ventana de aire puro educativo y cultural, reducido al triste y tradicional papel de medio publicitario del gobierno de turno.
“El valor de la verdad” es en esencia la continuidad remozada y actualizada de la “prensa chicha” creada por la dictadura fujimontesinista y su versión televisiva: los talk shows de Laura Bozo, que trajeron la banalidad y la indignidad como mecanismos de producción y reproducción activa de des-ciudadanización de la población. Ciertamente, fueron y siguen siendo el subsistema cultural necesario, imprescindible para sostener en la cabeza de la población el andamiaje económico y político neoliberal construido por la dictadura y aceitado, perfeccionado y administrado hasta hoy por todos los gobiernos posteriores, con la muy breve excepción del gobierno de transición de Paniagua.
El mérito del “valor de la verdad”en este sistema de cosas es que mata dos pájaros de un tiro. Recoge el valor ético de la verdad, pero lo saca de cuestiones públicas incómodas como el caso López Meneses y lo lleva al terreno de las más bajas pasiones e indignidades humanas. Y, más importante aún, identifica y subordina la búsqueda de la verdad al valor supremo y rector del actual Perú neoliberal: la obtención a cualquier precio de ganancia material individual; el “dios dinero”, como lo acaba de llamar el Papa Francisco.
En el caso López Meneses, el Gobierno aparece asombrosamente impotente para imponer la pronta y transparente búsqueda de respuestas en lo que se supone son sus subordinados de la policía y el ejército, los cuales se han dedicado públicamente a echarse culpas y denuestos entre sí, oscureciendo aún más la verdad. Para colmo, la insólita propuesta oficial de investigar el delito, no ahora cuando ha ocurrido sino en la década del 90’ en que inicia su carrera el mafioso ilegalmente custodiado, no puede sino fortalecer las acusaciones y sospechas de turbias relaciones del propio gobierno con el mafioso y sus redes.
Entonces, ¿por qué no asumir con realismo la situación y en vez de mantener el triste espectáculo de un Congreso que no logra formar una comisión investigadora, entregar la investigación del caso a “el valor de la verdad”?
En cualquier caso, la población ya no podría quedar más ignorante y confundida sobre los hechos, de lo que lo está ahora; ya no podrían ser más oscuras y más impunes las relaciones del poder político en el Perú actual; y ya no podrían ser más débiles las instituciones del estado.
En otras palabras, no hay nada que perder y siempre se puede ganar un poco más de la monopólica, bien rentada y entretenida libertad de expresión al estilo del Perú neoliberal.

 



sábado, 16 de noviembre de 2013

DES-FUJIMORIZAR EL PERÚ


El Perú se ha visto sacudido por el escándalo desatado por el uso de ingentes recursos públicos para custodiar, casi con rango presidencial, a un operador del siniestro ex asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos, actualmente encarcelado al igual que el ex dictador del que recibió órdenes.
El Presidente de la república, cuya imagen de debilidad y descontrol sobre los subalternos ya no tiene regreso, ha optado por deslindar públicamente y casi con desesperación de lo que llamó la “basura” montesinista.  El fujimorismo, haciendo gala de la desvergüenza pública que constituye su programa político esencial, ha visto la oportunidad de oro para pretender traspasar el montesinismo al gobierno.
Pero más allá de la superficie de estos hechos y declaraciones, que parecen ahondar hasta el paroxismo la decadencia política peruana, lo que se revela es la subyacente herencia fujimontesinista encarnada en la propia institucionalidad del país.
En el contexto de la aguda violencia política y el descrédito de las ideas progresistas que dejó el trauma del terrorismo senderista hace ya dos décadas, se generaron las condiciones para que la dictadura de Alberto Fujimori y su oscuro asesor refundaran el Perú, su institucionalidad y su cultura política.
Los ejes fundamentales de esta refundación fueron un radical predominio de los poderes fácticos económicos y mediáticos, tanto internacionales como locales; una violenta expropiación de derechos a las mayorías, vía destrucción de derechos laborales y sociales; y una institucionalidad autoritaria que garantizaba, mediante la Constitución y la impunidad a la represión de la protesta ciudadana, la perpetuidad de este nuevo orden. Como elemento cultural que actuaba de “cemento” cohesionador de todo el sistema jugaba un rol fundamental la corrupción.
He ahí, en pocas palabras, la radiografía estructural del neoliberalismo peruano. Esa es la herencia institucional y cultural política que hasta hoy sustenta el predominio de la economía neoliberal en el Perú. Salvo el breve gobierno de transición post dictatorial de Valentín Paniagua, todos los gobiernos posteriores han asumido, aceitado y perfeccionado el andamiaje de esa maquinaria decadente y anti popular.  
Por eso, más allá del escándalo mediático y los usos oportunistas que unos y otros pretenden del mismo, resulta objetivamente normal y natural que el gobierno Humala, que traicionó la esperanza de desmontar ese orden para optar por la continuidad neoliberal y del estado fujimorista, haya llegado a la última fase necesaria de ese camino: el montesinismo.
Des-fujimorizar la política y el estado peruano es la tarea pendiente. Y eso no se soluciona, como creen los actuales dueños del  Perú, con toneladas de titulares confusos para desviar la atención.   
Las fuerzas políticas progresistas necesitan comprender cabalmente y confiar en la dinámica de este proceso estructural subyacente, y encarar con decisión y a contramano de los poderes fácticos y la clase tradicional dirigente, esa tarea histórica de des-fujimorizar el Perú.    

domingo, 27 de octubre de 2013

“El evangelio de la carne” Una crítica virulenta al Perú de la desprotección y la exclusión


La nueva película peruana “El evangelio de la carne” del director Eduardo Mendoza es, entre muchas otras buenas cosas, una crítica virulenta, descarnada, al Perú neoliberal oficial, que se pretende desesperadamente exitoso, moderno, desarrollado. Y como solo ocurre con el buen arte, lo hace con la sutileza del realismo, prescindiendo de discursos explícitos ideológicos o políticos. Simplemente muestra. Deja ver, nada más.
La construcción sólida, a ratos perfecta, de la mayoría de los personajes; el telón de fondo de los exteriores en una Lima tan natural que parece esa por la que transitamos por la mañana, casi sin darnos cuenta; pero sobre todo la rigurosa exposición de las motivaciones sociales, logran el milagro de hacer visible de manera irrebatible lo que la propaganda del poder y los complejos colectivos, bien alimentados por los monopolios mediáticos, buscan barrer debajo de la alfombra.
Se trata de seres marginales, de ese tercio de limeños y limeñas que alguna vez nos enteramos por cierta estadística apenas mencionada que están excluidos aún del alcantarillado para el agua potable, pero que al mismo tiempo están incluidos para disfrutar hipnotizados de la magia hídrica en colores del Parque de las aguas, a solo cuatro soles la entrada y dos soles la combi para bajar y volver al cerro.
Pero, aunque son una parte significativa de la sociedad, ciertamente no son la mayoría y como bien retrata la película, se mueven en las sombras y los bordes de la Lima oficial. Justamente, las sombras y los bordes incómodos y molestos, amenazantes, poblados de todo lo que nos asusta y de lo que huimos: la miseria que pone en cuestión la seguridad propia y de los que más amamos; el lugar de los perdedores en el Perú que sólo reconoce, despiadadamente, a los ganadores; la tragedia frente a la cual no tenemos ninguna capacidad de defensa, sobreviviendo al día como estamos todo el tiempo. Pero sobre todo, el delito, la conducta por definición más anti social y condenable. ¿Por qué entonces nos resultan tan accesibles e inmediatas sus historias y tragedias?
El sociólogo norteamericano Roger Merton definía esencialmente al delito como resultado de una paradoja. Por un lado el absoluto predominio, entre quienes delinquen, de los fines capitalistas: la competencia despiadada, el éxito en competir y vencer a los demás y en obtener lucro como los valores supremos ordenadores que dan identidad y sentido a la vida. Por otro, la negación estructural de los medios para lograr esos fines por vías legales para un sector de la población marginada y excluida, y que, enfrentada a esta paradoja, puede o no optar por la delincuencia, haciéndolo finalmente muchos de ellos.
En esos fines hegemónicos compartidos radica nuestra inmediata comprensión y hasta identificación con los personajes. Buscan lo mismo que nosotros, a fin de cuentas, aunque lo hagan por otros medios que normalmente, o públicamente, condenamos. No importa que vistamos o hablemos diferentes, o que no reparemos en ellos cotidianamente; no importa cuánto temamos y busquemos huir de ellos y su lugar. Finalmente, la atmosfera social que ellos respiran es exactamente la misma que respiramos. Reconocemos de inmediato y sin esfuerzo el ambiente hostil, donde hasta nuestras relaciones personales familiares están debilitadas o rotas por la lucha inmisericorde por competir y ganar recursos siempre escasos e inciertos. Nos resultan accesibles sin ningún esfuerzo la inseguridad y la desprotección que viven, los mínimos humanos abandonados a la suerte de cada cual. La ausencia de un país y una sociedad que sea comunidad y no un indiferente sálvese quien pueda, no te quedes atrás, haz lo que sea.
Si “lo social” es esencialmente el conjunto de sentidos y valores compartidos que dan cohesión, que constituyen una comunidad, el realismo de la película hace evidente, por más que requiera una segunda lectura atenta, el carácter de suyo anti social, contrario a lo social, disolvente de lo social, de los valores predominantes en el Perú actual. La estresante lucha despiadada por sobrevivir o mejorar la vida; la soledad aplastante de un mundo signado por la indiferencia hacia los demás; la mercantilización extrema, donde contradictoriamente hasta las relaciones que consideramos espirituales, más íntimas y afectivas, y aún las religiosas, son mediadas y finalmente subordinadas por la materialidad inhumana del dinero.
En esa radical disolución de lo social, de pérdida de sentidos compartidos, de comunidad, los seres humanos sin embargo se aferran desesperadamente a la construcción, aunque sea a escala micro social, en sub mundos y sub culturas, de esos valores, sentidos e identidades comunes. La barra brava, la comunidad religiosa, la asociación micro económica informal o delictiva, son todos reemplazos imprescindibles de esa comunidad país en disolución y fragmentada. Ante la ausencia de “meta relatos”, como los llama la intelectualidad posmoderna, surgen micro relatos como repliegues tribales en busca desesperada de algo de protección, seguridad, comunidad, afectos. La película entera puede leerse también como un mar agitado o un magma candente en que salpican violentamente los flujos y contra flujos de esa disolución y recomposición de lo social.            
El telón de fondo del orden social capitalista neoliberal aparece en la película con la fidelidad del documental, al borde del género fotográfico, silencioso, sin aspavientos, naturalizado, tal cual opera en la realidad. El filme toma la forma de lo que describe y por eso su realismo está exento de toda fórmula explícita, en ese estricto sentido se puede decir que es despolitizado, como lo son en la realidad los personajes que nos muestra.
Por eso, la película puede ser también, si se quiere, únicamente un muy buen filme policial dramático. Y aquí no ha pasado nada.

Ricardo Jimenez A.

                

lunes, 21 de octubre de 2013

PERÚ EN EL LABERINTO DE LOS INTENTOS Y LAS PARADOJAS. CRISIS SOCIO AMBIENTAL Y MIGRATORIA

 

“EL futuro es espacio, / espacio color de tierra, / color de nube,

/ color de agua, de aire, / espacio negro para muchos sueños,

 / espacio blanco para toda la nieve, / para toda la música…

/ hay lugar para todos en el bosque, / en la calle, en la casa…

/ y allí llegar con el primer teléfono / para que hablen más tarde tantos hombres / de sus enfermedades.

 / Lo importante es apenas divisarse, / gritar desde una dura cordillera

/ y ver en la otra punta / los pies de una mujer recién llegada.

/ Adelante, salgamos… / desde el alba a la noche migratoria…”
Pablo Neruda


Mientras escribimos estas letras, estamos en camino, a poco más de un año, de realizarse en Perú la versión número veinte de la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre cambio Climático - COP 20, el evento más importante a nivel mundial para enfrentar la aguda crisis socio ambiental producto del calentamiento global, frente al cual Perú, en base a su riquísima diversidad climática y territorial, es justamente uno de los países más vulnerables y en riesgo, según informes científicos. En este nuevo intento se espera alcanzar un nuevo Pacto para reducir las emisiones de gases que producen el calentamiento global, que resulte realmente efectivo, para reemplazar al fenecido “Protocolo de Kioto”, no ratificado o abandonado por varios de los países con mayores responsabilidades, empezando por los Estados Unidos, y con escasos y desacreditados resultados.   
La página oficial del Ministerio del Ambiente de Perú en Internet cuenta con una nota informativa donde además de estos datos enfatiza el buen negocio económico que la Conferencia representa para el país: “Los beneficios por ingresos económicos serían inmediatos y oscilarían entre los 40 y 45 millones de dólares, sólo en el primer mes, por el gasto directo en hoteles, restaurantes y compras de los más de 15 mil visitantes. Eso sin considerar los gastos adicionales en turismo al interior del país, que podrían significar otros 10 millones de dólares”. Una muestra -insuperablemente contradictoria- del espíritu mercantilista que ha generado y alimenta la grave crisis ambiental. “¿Preservación del medio ambiente?, sí, pero siempre y cuando no choque con el lucro de los negocios, o mejor aún, represente más ganancias”, es el irresponsable mensaje que pone a la humanidad en la permanente impotencia de las políticas de estado a nivel global.            
La paradoja es global
Ciertamente, se trata de una paradoja global. Hace apenas menos de dos meses, a inicios de septiembre pasado, el Secretario de estado de Estados Unidos, John Kerry, inauguró en las Islas Marshall, al noreste de Australia, el Foro de las Islas del Pacífico. El tema central es el hundimiento lento pero indetenible de las propias Marshall, Kiribati, Tuvalu, Fiyi, Samoa y otras hasta un total de 10 islas del pacífico, producto del alzamiento del mar por el derretimiento de hielos que genera el calentamiento global. Kerry en su discurso de apertura señaló que “la evidencia científica del cambio climático” es “irrefutable” y “alarmante”. Contradictoriamente, no estaba presente en el encuentro, lo decía en una alocución grabada en vídeo. Su prioridad estaba en empujar la intervención militar de su país en Siria, que seguramente aumentaría los daños ambientales y la crisis humanitaria de ese país.
Es que Estados Unidos está en decadencia económica, con una crisis insoportable de deuda pública y su única “ventaja comparativa” frente a las economías emergentes es la guerra, la industria de la muerte. Ya hace algunos años, los organismos internacionales informaron que los desplazados por razones ambientales alcanzaban varios millones y superaban a los desplazados por las guerras. Principalmente por falta de agua y en su mayoría en África. Parafraseando el famoso poema de Bertolt Brecht (aunque hay quienes aseguran que es de otro autor), “primero vinieron por los africanos, pero como yo no era africano…”. Ahora, las islas del Pacífico y sus cientos de miles de habitantes forzados en cámara lenta, no sólo a la migración sino también a la apatridia, son las primeras víctimas por las que viene el alzamiento de aguas marinas consecuencia del cambio climático. “Pero como yo no era isleño del Pacífico…”. Una metáfora plenamente certera la del poema de Brecht: “Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde”. Se sabe que, a la larga, con más tiempo, desaparecerán buena parte de las costas en el Pacífico, incluyendo del propio Estados Unidos y también del Perú.
Las migraciones
Mientras escribimos estas letras, acaba también de concluir otro importante intento en el ámbito precisamente de las migraciones, el “Segundo Diálogo de Alto Nivel Sobre la Migración Internacional y el Desarrollo”, realizado en el seno de la Asamblea general de las Naciones Unidas los días 3 y 4 de octubre pasados. Al igual que ocurrió con el Protocolo de Kioto, Estados Unidos y otros países ricos y con alta inmigración han impedido que las Naciones Unidas llame a una “Conferencia” para el tema de las migraciones, una instancia de mayor jerarquía, y entonces se ha llamado como sucedáneo a estos “Diálogos de Alto Nivel”, el primero en 2006. Todavía no se conocen completamente sus resultados, pero ya existen Informes, declaraciones solemnes y numerosos discursos de intervención que viene a sumarse a un laberinto enorme de Documentos sobre la materia en el sistema internacional. Sin desconocer el valor programático y ético de muchos de ellos, es un hecho su escasa o nula efectividad hasta ahora para transformarse en políticas públicas que garanticen plenamente los derechos de las personas migrantes en la inmensa mayoría de países.     
Paradojas de muestra. Hace menos de dos semanas ha naufragado una embarcación en las costas de Italia donde murieron cerca de 300 inmigrantes africanos que buscaban llegar a Italia por vías irregulares, incluyendo mujeres y niños, y otros 150 fueron rescatados. Las autoridades italianas no han dudado en anunciar públicamente un “funeral de estado” en homenaje a los fallecidos, incluyendo el otorgamiento póstumo de la nacionalidad italiana, mientras al mismo tiempo se detiene y acusa del delito de inmigración clandestina a los sobrevivientes.
En Perú, al contrario de lo que erradamente se suele pensar, es en las décadas de 1990 y 2000, las de mayor crecimiento macro económico, cuando más peruanos han abandonado el país para buscar mejor situación a través de la emigración a otros países, más de 3 millones, el 10% de su población, mientras la media mundial es del 3%. Según cifras oficiales del INEI, actualmente más de 200 mil peruanos al año se siguen yendo, y según una encuesta de SENAJU de 2011, uno de cada dos jóvenes peruanos tiene la expectativa de irse a otro país en busca de mejores condiciones de trabajo y estudios.
Hoy, en medio del crecimiento macro económico peruano y de la crisis de los países ricos del norte, el salario por ejemplo de una trabajadora del hogar en Perú es en promedio de S/.777.6 al mes trabajando un promedio de 84 horas a la semana, según la Encuesta de Hogares Especializada en Niveles de Empleo (ENIVE). En España una trabajadora del hogar peruana gana un promedio de S/. 2095 (790 dólares), en Italia el sueldo es de S/. 2640 (9969 dólares), en Estados Unidos de S/. 3.900 (1500 dólares); y en todos los casos, trabajando menos de la mitad de horas, 40 semanales. Sin ir tan lejos, en Chile una trabajadora del hogar gana S/. 1590 (600 dólares) el doble de lo que percibe en nuestro país.
El año pasado, los más de 3 millones de emigrados enviaron al Perú cerca de 2.800 millones de dólares en remesas, que pagaron directamente 500 millones de dólares a las arcas del estado peruano por IGV. A cambio, reciben un Fondo de Ayuda Humanitaria de 300 mil dólares anuales, menos de 50 centavos de sol por emigrado.         
Salir del laberinto
¿Qué hacer ante la paradoja de la falta de consciencia activa y voluntad política, tras los discursos políticamente correctos de “preocupación”? ¿Cómo salir del laberinto de las paradojas y los intentos?
La respuesta no es fácil, si acaso la hay. Pero conviene partir de un hecho objetivo, incontestable: no hacer nada, o seguir simplemente haciendo lo que ya venimos haciendo, es camino seguro, inexorable a la auto extinción humana o al menos al daño grave, quizás irreparable, a su esperanza de bienestar y felicidad.
No es menor saber ver, comprender y valorar los avances, que los hay y significativos, tanto ante la crisis socio ambiental como migratoria, partes de la crisis múltiple, integral, civilizatoria. Felizmente, una parte importante de estos avances, de estas búsquedas y estas respuestas, surgen en nuestra región, incluyendo disímiles e imperfectos, pero necesarios, procesos políticos de reforma y cambio de los estados.
Una nueva ética de la Responsabilidad, compartida y diferenciada según el grado de poder, es fundamental, especialmente frente y hacia la Madre naturaleza y las generaciones futuras. La comprensión serena de que la centralidad del lucro, del egoísmo y la competencia nos son sustentables y son suicidas para la especie humana. La apertura a diálogos múltiples, mestizos, permanentes, para la búsqueda de respuestas, que incluyen los paradigmas del Buen Vivir, la Economía del cuidado, el Eco feminismo, la De colonización, la Nueva Arquitectura económica, el Bien común y la Ciudadanía universal, entre otros. La alianza, en base a puntos programáticos más o menos profundos, de los pueblos, ciudadanos y sociedad civil activa con los emergentes gobiernos y estados que empujan reformas políticas profundas. La combinación de esfuerzos simultáneos y complementarios en todos los ámbitos: personales, familiares, comunitarios, locales, nacionales, regionales y globales.
Sobre todo, resultan imprescindibles la esperanza y la fe, movilizadoras, transformadoras. Sólo esa fuerzas afirmativas, proféticas, convocantes tienen posibilidad de vencer el escepticismo y el desencanto frente a la crisis, desarrollar las consciencias, ganar el sentido común y las voluntades para denunciar y desmontar las paradojas y para aumentar y mejorar los intentos hasta la victoria de la supervivencia y la felicidad.

 

Ricardo Jimenez A.

 

miércoles, 16 de octubre de 2013

ALIANZA DEL PACÍFICO Y MIGRANTES, SERÍA CÓMICO SINO FUERA TRÁGICO


El viceministro de Relaciones Exteriores de Perú, Fernando Rojas, acaba de anunciar públicamente en Panamá, en el marco de una reunión con jóvenes de 25 países, que la Alianza del Pacífico, Tratado de Libre Comercio que integran Perú, Chile, Colombia y México, “está contemplando la posibilidad de que los emigrantes con intención de radicarse en otro país puedan ejercer su profesión, que se reconozcan los títulos profesionales recíprocamente, eso está en consideración para una segunda etapa de desarrollo de la Alianza”.
Asombran en estas declaraciones o el desconocimiento o el soslayo de un hecho grave. La existencia del Acuerdo sobre Residencia para nacionales del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Tratado de integración regional integral que garantiza el derecho de los nacionales de estos estados a contar en otro de los estados con residencia y permisos para cualquier actividad lícita por dos años, tras los cuales acceder a la residencia permanente, con el único requisito de ser nacional y no contar con antecedentes penales. Y el incumplimiento por parte de Chile, “aliado del Pacífico” de Perú, de este acuerdo para con los peruanos, aunque el Perú sí lo cumple y aplica para los chilenos.
¿Cómo explicar este desconocimiento o soslayo de un hecho tan grave? La respuesta puede encontrarse en las propias declaraciones del funcionario peruano quien aclaró que la finalidad última de estas y otras medidas “migratorias” de la Alianza son textualmente “incentivar el turismo” y la “libre contratación”. En ellas asoma inequívocamente el fundamento de las políticas migratorias selectivas y excluyentes, en las que los derechos de las personas y el objetivo de la integración regional se ven subordinados y reducidos unidimensionalmente a los intereses mercantiles de los grandes negocios. Una visión estrecha y probadamente fracasada de políticas migratorias y de estrategias de integración.
Mientras Chile viola el más mínimo principio de reciprocidad internacional y un tratado legalmente adoptado, perjudicando a cerca de 200 mil ciudadanos peruanos residentes en ese país, el viceministro peruano presenta como un avance la promesa de que tal vez más adelante puedan ejercer sus profesiones los migrantes de esos países. Sería realmente cómico, sino fuera trágico el silenciamiento público de una violación de derechos de cientos de miles de sus propios ciudadanos y ciudadanas.
 
Ricardo Jimenez A

martes, 23 de julio de 2013

El discurso negador de derechos de Víctor García Belaunde hacia los peruanos en el exterior

Es realmente sorprendente que la “Otra Mirada” un medio alternativo, crítico y decididamente centrado en un enfoque de derechos y justicia, se haya permitido publicar, en su número 210 del 23 de julio del presente, un artículo del congresista Víctor Andrés García Belaunde en que hace gala de la visión mercantilista y negadora de derechos ciudadanos, tan propia del actual y en crisis sistema político del Perú, argumentando a favor de mantener en la exclusión y negación de derechos a los peruanos en el exterior para que continúen sin poder elegir sus propios representantes al Congreso. Confiamos en que este prestigioso medio informativo otorgue también espacio para reivindicarlos.

El articulista comienza su reflexión con cifras: “De acuerdo al INEI, el Perú tendrá 30 millones 475 mil habitantes en 2013. Si dividimos esta población entre 130 congresistas, cada mal llamado padre de la patria representa a 234 mil personas”.Pues, bien, de acuerdo también al INEI, existen más de 3,5 millones de peruanos en el exterior, ¿Siguiendo el mismo cálculo, cuántos “padres de la patria” les corresponderían para ser representados? Cita a África y a Oceanía para mostrarnos que los electores peruanos en el exterior son muy pocos, apenas unos cientos o miles, aunque olvida señalar que en Estados Unidos son más de 250 mil; en España, más de 130 mil; en Argentina, más de 110 mil; en Chile, más de 80 mil. Ciertamente, su abstención es alta, cerca del 50%. ¿Pero esto no es responsabilidad del propio estado, empezando por el desincentivo que significa de hecho ser obligado a votar por congresistas limeños que no tienen ninguna sensibilidad ni interés en ellos?

Pero lo más importante, el articulista ignora que el conjunto de electores en el exterior tienen derecho y necesitan sus propios representantes, no por una cuestión territorial, que en todo caso ha sido definida arbitrariamente, sino porque representan una comunidad con intereses ciudadanos comunes y distintos al de otras comunidades de la Nación. Ése es el principio que está detrás de la representación democrática, como lo señala la Oficina Nacional de Procesos electorales (ONPE): “si bien lo peruanos en el extranjero no tienen un territorio específico, sí se les puede considerar como un conjunto de electores, con intereses específicos, los cuales tienen derecho a elegir a sus propios representantes, es decir, sí se les puede considerar como… una circunscripción electoral” (Dictamen Sobre Proyectos de Ley para Distrito electoral peruanos en el extranjero de 25 noviembre de 2010. Comisión RR.EE. del Congreso de la República). Es por este principio que no tienen cabida losargumentos de que "un peruano residente en Chile no podría representar a los que viven en Colombia", como si alguien del interior rural de Cajamarca no podría representar a quienes residen en la ciudad de Cajamarca.

Y es el principio bajo el cual una clara tendencia modernizadora de las instituciones democráticas viene otorgando estos derechos en crecientes países. Ya existen congresistas de los emigrados en Portugal desde 1976, Francia desde 1983, Croacia desde 1992, Italia desde 2001, Colombia desde 2001, Ecuador desde 2007. Y Se discuten proyectos de ley para ello en muchos países como México, Argentina, Bolivia, etc. Todas estas experiencias empíricas muestran un éxito en modernizar la democracia y no han duplicado en ningún caso funciones de Cancillería, como teme el articulista.

Tomar en serio su argumentación de que se corre el riesgo de tener un “robacable en Suecia” o un “lavapiés en Italia” nos llevaría por fuerza de la lógica a concluir que la solución para que no haya estos problemas en el Congreso actual es negarle a los peruanos el derecho de elegir sus representantes, y esto es inaceptable, tanto para todos los peruanos que residen en Perú como para los que viven en el exterior.

Tampoco abordaremos sus argumentos basados en los “Resultados de la Primera Encuesta Mundial a la Comunidad Peruana en el Exterior publicado recientemente por el Ministerio de Relaciones Exteriores”, según la cual “el 83.7% de los entrevistados considera que el Consulado peruano puede atender sus necesidades”. Ello por un mínimo de respeto metodológico. Es como si se hiciera una encuesta de cuán bien cree la gente que el Congreso desempeña sus funciones, y se encargara de realizar esa encuesta al mismo Congreso.

Pero hay también argumentos económicos. El congresista nos pide no olvidar que “cada despacho congresal le cuesta al contribuyente peruano acá alrededor de S/. 3.8 millones por año, casi S/. 19 millones en 5 años”. Nosotros le informamos que, según informes del BCRP, al contribuyente peruano en el exterior le cuesta, al año, 500 millones de dólares, S/ 1.300 millones, el pago IGV de sus remesas al estado peruano, suficiente para pagar alrededor de 26 despachos de congresistas por cinco años.

Pero más allá de la realidad de las cifras, es importante evidenciar la grave negación de derechos legítimos y legales que revela elplanteamiento del señor García Belaunde, más grave aún viniendo de un legislador. La Constitución Política del Perú establece que “Los ciudadanos tienen derecho… de ser elegidos y de elegir libremente a sus representantes” (artículo 31). También el principio de "igualdad ante la ley" y no discriminación por motivo de "cualquier... índole" (artículo 2, número 2). Pues bien, los peruanos en el exterior no pierden ni su ciudadanía ni su nacionalidad, por tanto la Constitución obliga al cumplimiento de estos mandatos para con ellos.

Agregase a ello el mandato similar de numerosos tratados internacionales de los sistemas de Naciones Unidas e Interamericano, adoptados legalmente por Perú, y a los que la Constitución vigente precisa en estos términos: "Los tratados celebrados por el estado y en vigor forman parte del derechos nacional" (artículo 55). Sería largo citarlos aquí y asumimos que el señor García Belaunde tendrá nociones de ellos.

Finalmente, el hecho irónico, más trágico que cómico, que este señor sea, según la actual ficción legal, elegido por el distrito “Lima yexterior”, es decir, un representante de los mismos peruanos en el exterior a los que se explaya en negar legítimos y legales derechos, y que a los peruanos en el exterior se los obligue a votar por este tipo de representantes en Lima, ahorra más argumentos de por qué es una necesidad institucional democrática urgente que cuenten con sus propios representantes.


Ricardo Jimenez A.

domingo, 7 de julio de 2013

La muerte electoral de un gobierno


El 4 de julio recién pasado protestas multitudinarias sacudieron prácticamente todo el territorio del Perú, motivadas por legislaciones que avanzan en privatizar la educación superior y recortar derechos laborales de trabajadores públicos aún por debajo de los estándares  internacionales del siglo XX. Dos días después, tras dos años de silencio al respecto y casi 3 millones de soles gastados por su despacho de primera dama, la poderosa esposa del presidente, Nadine Heredia,  anuncia públicamente que no será candidata presidencial en las elecciones de 2016, sepultando objetivamente casi cualquier posibilidad real del nacionalismo de alcanzar nuevamente el gobierno en el próximo período.

En ese contexto, volvemos a entregar un artículo que escribiéramos hace exactamente un año, donde analizando los hechos de entonces proyectábamos un derrotero como el actual.

La muerte electoral de un gobierno
(06-07-2012)

El profuso uso en manifestaciones de un ataúd con el nombre del presidente, muestra no sólo la creatividad del descontento popular, sino que simboliza, trasmite y hace explícito un hecho objetivo: antes de un año de gobierno, éste ya ha muerto como lo que fue, una opción electoral de mayorías. Una mala noticia para las expectativas electorales de la pareja presidencial. También para quienes vieron en la salida en masa de los mejores cuadros intelectuales, técnicos y profesionales progresistas del gobierno la gran oportunidad de quedarse y trepar sin necesidad de otro mérito que la incondicionalidad a lo que sea que se haga.

Confundiendo pragmatismo con errores políticos fundamentales, han perdido irremediablemente la base electoral que los convirtió en alternativa política, no por el carisma de la pareja presidencial, como los zalameros con que han terminado rodeados les han hecho creer, sino porque representaban y supieron dar salida política al intento por encarar y buscar soluciones reales y sustentables a los profundos problemas y descontentos estructurales que plantea el actual modelo económico y político del país, caracterizado por su dependencia primario exportadora de recursos naturales, su centralismo limeño y su impronta autoritaria y represiva.

Asimismo, han perdido el apoyo electoral de centro que fue forzado por el apoyo activo de esa base electoral descontenta a entender esa necesidad estructural y buscar un camino no autoritario para dar una salida viable al país. Y que ve ahora que este gobierno es más incapaz aún que los anteriores para buscar otras respuestas que no sean la represión y la permanente crisis de los estados de emergencia. Finalmente, está muy claro que no han logrado ni de lejos conquistar la base electoral de la derecha en Lima, cuyos principales voceros: los monopolios mediáticos y sus representantes políticos, a pesar de que el gobierno les ha entregado en bandeja de plata la dirección de todos los asuntos y los puestos clave del estado, les echa públicamente en cara ser responsables de la crisis actual, ya que habrían exacerbado las expectativas con sus promesas electorales. Lo cual es objetivamente cierto, aunque no por las promesas electorales de la pareja, sino por la experiencia histórica y la consciencia de los pueblos de regiones y de las fuerzas progresistas de haber vencido a esos mismos monopolios mediáticos y representantes de la vieja elite política, haciendo valer la democracia para imponer una alternativa electoral distinta. Conjuntamente, los culpan y presionan, acusándolos de “blandos”, exigiendo todavía más mano dura y represión, en torno a la defensa cerrada del premier Valdés.

El absoluto desgaste del estado de emergencia, que se supone prohíbe reuniones, y de la represión desatada para disuadir por el terror el descontento masivo de la población, corre paralelo a este desgaste electoral, que ya hace unas semanas, con ocasión de un acto público por el cumpleaños del presidente Humala, mostró cómo, de la espontánea euforia popular de masas motivadas por el llamado histórico, programático, se pasa silenciosa pero significativamente a la vieja y tradicional “portátil”, que con recursos e incentivos estatales para facilitar el traslado y motivar la asistencia, logra acarrearse para la ocasión, tal cual todos los gobiernos anteriores desde la dictadura de Fujimori que patentó el mecanismo.

Lo que al gobierno anterior del APRA le tomó cinco años, para terminar, a pesar del uso de todos los recursos del estado en la campaña electoral, con apenas una mínima bancada, al límite legal de cinco congresistas (y según muchas versiones con una pequeña ayudita de la entidad electoral, ONPE), a la pareja presidencial le ha tomado apenas 8 meses, desde que dieron el auto golpe de estado programático, expulsaron a quienes diseñaron la propuesta de gobierno original, y pusieron al actual premier Oscar-estado de emergencia-Valdés a poner (des)orden.

Con suerte, si el desgaste no llega a niveles insostenibles, la pareja presidencial, aunando a quienes permanezcan como incondicionales (lo cual, como ya se ha hecho evidente, baja objetivamente el nivel de cuadros, discursos y propuestas que sean capaces de mostrar) y a un mínimo nuevo electorado (a estas alturas, esto depende de los errores que puedan cometer las opciones de derecha, de centro y progresistas y no de lo que pueda hacer la pareja presidencial), lograrán apenas un trocito de la torta política en las próximas elecciones, lo cual les permitirá una mínima existencia política entre la vieja elite, pero abrirá también una dinámica de conflictos entre quienes hayan sacrificado su imagen política a su lado con el norte de obtener a cambio algún ascenso en el estado, sin que se haya logrado entonces suficiente para todos.

Es una triste realidad para ellos, pero no más triste que la de los excluidos de siempre que hoy, por enésima vez, son impunemente asesinados, primero simbólicamente como “extremistas ideológicos… que deben atenerse a las consecuencias” (según el presidente del país), y después físicamente, como a “perros”, como grita, rebosante de impunidad, un policía a la población de Cajamarca.

 
Ricardo Jimenez A.