sábado, 31 de mayo de 2014

COMENTARIOS AL NUEVO DISCO DE JORGE MILLONES


Kurt Cobain, el famoso vocalista de la banda de rock Nirvana, decía que en las buenas o grandes canciones la melodía lo era casi todo. Y creo que el nuevo disco de Jorge Millones, “Crítica de la miseria pura”, viene a ser otro ejemplo de que esa afirmación es completamente acertada. Un factor común y que distingue a todas las canciones del disco de Jorge, por encima de las diversas temáticas en sus letras, es la presencia de una muy buena melodía. 

Es lo que comúnmente llamamos “la música” de una canción, y las músicas de las canciones en este disco de Jorge producen lo que los conocedores llaman “goce estético”, es decir, gustan, se disfrutan y tienden a quedarse grabadas, son “pegajosas”.

Se trata de un primer nivel de acceso al disco que es el más directo y el más amplio. La melodía llega al mayor número de personas porque no exige otro requisito que el disfrute, para el cual todos y todas, sin excepción, estamos capacitados. Y Jorge Millones, con el impecable acompañamiento de su banda de talentosos jóvenes en guitarra, percusión y coros, nos regala un disco lleno de melodías memorables, destinadas antes que nada a hacernos disfrutar, que es quizás la primera tarea del arte.

Pero Jorge logra todavía más en su disco, algo que es escaso y muy feliz, la perfecta conjunción de esas bellas melodías con afortunadas letras.

Mientras la corriente de la cultura hegemónica en el mundo y el Perú actual celebra y refuerza con toda intención la superficialidad, la banalidad, la reproducción de prejuicios discriminatorios y anti valores, Jorge hace una apuesta fuerte y arriesgada y nos entrega un disco conceptual.

Es decir, un disco en que cada una de las canciones e incluso la gráfica,  forman una sola y única obra, en torno a una sola idea rectora. Ejemplos clásicos de discos conceptuales son el “Sargent Pepper” de los Beatles y “El lado oscuro de la luna” de Pink Floyd.

Yendo aún más lejos a contra mano de la cultura basura hegemónica, Jorge centra este concepto del disco nada menos que en la crítica. Una idea fundamental para la cultura occidental y la política moderna a lo largo de los últimos siglos. Así lo refleja el nombre del disco: “Crítica de la miseria pura”, que parafrasea la célebre obra del filósofo prusiano Inmanuel Kant a fines de 1700, y también la gráfica de Jorge Miyagui en el disco, que “peruaniza” genialmente la estética asociada a aquella vieja obra.    
   
Jorge recoge ese camino, esa tradición y la actualiza. Se hace el cronista de los claroscuros de un Perú neoliberal autocomplaciente, que se niega a mirar las grietas y a escuchar los crujidos del cartón piedra de su escenario holibudense. Pero también de una izquierda incómoda con la memoria de caminos extraviados, carcomida por una irresponsabilidad tan antigua como insuperable, y aferrada a contradictorias vanidades personales.

Es una crítica implacable pero que no se desbarranca, sino que logra tomar justo a tiempo la curva cerrada de la reconciliación con nuestra humanidad. Es en este punto que el disco se inscribe plenamente en el siglo XXI, para superar la tradición y sus limitaciones. Un símbolo de esto es el significativo verso cantado con el emblemático hiphopero Pedro Mo en la canción “A botar la basura”, donde dice, en referencia a su abuela: “La vieja sabe que miente la radio, que miente la tele y que le miento yo”. A diferencia del siglo XX, la crítica incluye a quien critica, incluye al yo, algo impensable para nuestra tradición de izquierda hace tan sólo unas décadas atrás.

Otro ejemplo en este mismo sentido es el de la canción “Valor agregado”, que es una crítica a los anti valores competitivos del capitalismo neoliberal que no dejan lugar a relaciones personales sanas, basadas en el amor, pero también y al mismo tiempo a discursos y prácticas de militancia que bajo lemas altruistas han encubierto una idéntica incapacidad de generar y sostener relaciones personales sanas.  

Jorge logra el arte de trasmitir todo esto sencillamente, subordinando el filósofo de su formación universitaria al trovador y su arrolladora vocación popular. Lejos de esa incapacidad de comunicarse que algunos pretenden elevar a la categoría de erudición, Jorge se deja entender casi sin requisitos de formación previa, incluso cuando nos habla de Nietszche, el controvertido y rompedor filósofo alemán de fines del siglo XIX, a quien llama en el disco como “Federico” “faite” o “bandolero”.   

En ese mismo sentido, abundan las alusiones a dios y a personajes bíblicos -algo que indefectiblemente me recuerda la obra del gigante compositor peruano, Manuel Acosta Ojeda-, y que representan el uso afortunado de códigos culturales, más que religiosos o históricos, que se comparten y conectan con toda la población del Perú, de América Latina y gran parte del mundo actual.

A ello se suma otro rasgo de esta obra de Jorge que lo pone en lo que yo llamo la crítica del siglo XXI, y que lo conecta también con amplias mayorías de personas: la alegría. Que se ejerce sin permiso, ni del poder económico y represivo que nos oprime, ni de esa intelectualidad que pretendió que para ser críticos había que ser tristes y amargos. Enemigos de la injusticia, extraviaron el camino y se hicieron también enemigos de la alegría de vivir.

Incluso en este disco centrado en la crítica, la propuesta revolucionaria de Jorge, aunque necesariamente negadora de lo mucho que está mal, es finalmente convocante, afirmativa, alegre. Se las arregla para hacer resistencia a esa tradición que quiere que el precio de la dignidad sea la amargura. Se rebela también contra ella, como si se tratara de un mal dios o de un padre equivocado.

Esto, antes que nada, está en sus melodías, cuyo espíritu es mayoritariamente agradable y alegre, como ya comentamos. Pero también en sus mensajes. Si Jorge es el cronista de cansancios y dolores, lo es igual de las agitaciones del amor y del deseo. Se hace también el vocero, como dicen sus canciones en este disco, de “Apolos y Dionisios”, “besos tibios, mojados de eternidad”, “sonrisas que te di”, “soles que dicen en tus ojos”, “flores que crecen sin permiso” y “filósofos que se matan de risa”.

Termino por el principio.

La primera vez que escuché partes adelantadas de este disco, antes de estar terminado siquiera, me golpeó fuertemente una de sus canciones, me tocó emocionalmente de manera inmediata: “Para una crítica de la resignación”. Me dije: “es mi canción”, “es la canción de mi generación”. Vengo de Chile, pero hablo de una generación también peruana y latinoamericana, que ha travesado un mismo río de esperanzas y sacrificios en toda Nuestra América.

Tomo como una señal significativa que, coincidentemente, sea la canción más colectiva y generacional del disco, en que cantan junto a Jorge los talentosos Pedro Novoa y Yuri Boluarte, la soberbia Consuelo Romero y el maestro Omar Camino. Se trata de una canción cuya melodía hermosa y reflexiva, acompaña el relato de todos los intentos derrotados, las esperanzas frustradas, los caminos extraviados, los cariños perdidos, la fe desbaratada. Es la pintura del naufragio y de los restos de ese naufragio, político y personal, en que a veces veo a mi generación.

Pero no es el inventario que precede a la liquidación de la voluntad. Ni la lamentación que justifica la renuncia a la dignidad y la indignación. Es un reconocimiento sincero y redentor para afirmar la voluntad y el compromiso de la manera más libre imaginable.

Si en siglos anteriores se creyó afirmar los compromisos en visiones mecánicas de la historia que garantizaban un triunfo inevitable, prácticamente automático, ahora sabemos que no hay garantías, que nosotros hacemos la historia y somos responsables, que sí, que la derrota es una posibilidad. Ahora, nuestros compromisos nacen, y deben nacer, de la libre opción por lo que es correcto, lo que es ético, lo que debe prevalecer y prevalecerá por el bien de la vida.

Por eso, sin necesidad de dioses ni garantías mecánicas de la historia, a pesar de la más legítima tristeza; como dijo Salvador Allende: “con más pasión y más cariño, con calma, con absoluta tranquilidad”; decimos con Jorge Millones en su disco: “Aquí nadie se rinde, aquí está el corazón”.

Gracias, Jorge.

martes, 29 de abril de 2014

REFLEXIONAR, SENTIR Y CONVERSAR EL BUEN VIVIR EN UN LUGAR MÁGICO


En las primeras pinturas rupestres que conocemos de nuestros ancestros humanos originales, encontramos el primer momento en que el ser humano se “reflejó” a sí mismo en otro espacio, las paredes de las cavernas, y se convirtió así en objeto de su propio pensamiento. Nació así la reflexión.  Estas fueron palabras de Maurice Capovilla, maestro cineasta brasileño, participante del “2° Encuentro Refletir (Reflexionar) Brasil, Buen Vivir, Rescate de la Feliz Ciudad”, realizado entre el 24 y 27 de abril recién pasados en Paraty, Brasil.

Las palabras

En un curioso juego de palabras, el nombre del encuentro: “Refletir”, en portugués que es el idioma de Brasil, tiene dos significados: “Reflejar” y “Reflexionar”, confirmando que tras miles de años, seguimos la aventura del pensamiento iniciada por nuestros ancestros.

No es el único juego de palabras. La otra parte del nombre, también en portugués, habla del Buen Vivir para el rescate de la “Feliz Cidade”, en español “Ciudad Feliz”, pero que se pronuncia igual en portugués que “Felicidade”, que significa en español “Felicidad”.

Una doble significación que recuerda a la usada por el humanista inglés Tomás Moro, cuando en 1516 publicó su famosa obra “Utopía”, inspirada en las noticias que como novedad llegaban de la recién encontrada Latinoamérica y sus órdenes sociales inéditos, diferentes y a veces opuestos a los del Europa. Pero Europa ya había sentenciado inapelablemente a esos pueblos como en estado de “atraso”, “incivilización” y “barbarie”, como lo confirmarán gigantes del pensamiento como Kant, Hegel y Marx. Un “epistemicidio” que aniquiló a esos pueblos como productores de conocimiento legítimo y válido, al lado del genocidio que los aniquiló físicamente.

En ese contexto, Moro usó esa inspiración latinoamericana originaria para una aguda crítica social del orden europeo, pero jugó significativamente con la ambigüedad al nombrarla. Utopía se compone de dos palabras del Latín, “Topos” que significa lugar y “Eu” que tiene dos significados posibles: “Sin” o “Buen”.

Pudo ser una especie de primer encuentro, o de primer asomo, al Buen Vivir. Pero Europa y el mundo que dominaba a su imagen y semejanza decidieron que sólo podía ser un “sin lugar”, un imposible. El maestro Eduardo Galeano, latinoamericano hasta la abstracción, jugará incluso con esa interpretación hegemónica escéptica y con inteligencia y belleza dirá que aún así, la Utopía sirve entonces como el horizonte que nos hace caminar.       

Lo lúdico

Juegos de palabras que expresan una profunda convicción lúdica, en el mejor sentido de la palabra, como disfrute, como belleza, como libertad de creación, de posibilidades. Que se refleja en las palabras pero también en las cosas de esta ciudad. En sus casas y calles coloniales, como detenidas en el tiempo, llenas de colores vivos. En sus heladerías, cafés y bares culturales. En la música que lo habita todo. En sus barquitos multicolores y sus carruajes de caballos, adornando las calles empedradas, el río y el mar. En sus 365 islas, una por cada día del año, abrumadoramente verdes y azules y blancas. En sus innumerables talleres artísticos, llenos de colores y posibilidades.     

Paraty

El propio nombre de la ciudad en que se realizó el evento, “Paraty”, inspira juegos de palabras. Mágica y misteriosa, a cuatro horas en bus de distancia actual de Río de Janeiro, fue creada por el colonialismo portugués para sacar por mar el oro que saqueaba de diversas regiones brasileñas como Minas Gerais y más tarde para el tráfico de seres humanos en esclavitud. Por esa razón era una ciudad secreta que no figuraba en los mapas a fin de impedir que piratas competidores pudieran arrebatar el botín.

La propia conservación, casi intacta de todo el hermoso casco de la ciudad colonial, se debe a otro proceso que la dejó también olvidada e invisible para el mundo, la pobreza. Aunque a lo largo del siglo XX hubo proyectos de “modernización” que planeaban derribar esa belleza histórica por completo, no pudieron llevarse a cabo por falta de financiamiento. Paraty, ya sin el oro colonial y el negocio de la esclavitud humana, no ameritaba inversiones de la república. Contradictoriamente, la pobreza salvó un hermoso legado histórico, arquitectónico y cultural. 

Como otra círculo lúdico que se cierra, figura usada por los pueblos mayas, una de las más hermosas islas que rodean la ciudad se llama “Bom Jardim”, en español: “Buen jardín”. 

El Buen Vivir

Aunque el nombre “Paraty” alude a un pez blanco típico de esta zona del Atlántico, también suena en español como algo que se entrega o da para otro/a cercano: “Para ti”. Una ciudad tan hermosa y tan mágica que bien podría dar origen, siguiendo el juego de palabras, a un sinónimo de “paradisíaco”, como “paratysiaco”.

Pero no es un paraíso. No muy lejos, en las orillas de este hermoso enclave histórico y turístico, donde la antigua cárcel colonial es ahora una biblioteca pública, existen barrios heridos por la filosa desigualdad de este Brasil sexta economía del mundo, donde mueren cada tanto, por las pugnas del narcotráfico, jóvenes anónimos, ignorados por los turistas que pueblan transitoriamente el bello casco colonial.

Un marco adecuado para pensar en el Buen Vivir, ese paradigma actual que recoge y re elabora para el presente y para el futuro, no para una supuesta vuelta imposible al pasado, el legado de los pueblos originarios latinoamericanos, especialmente andinos. Adecuado porque aquellas sociedades originarias tampoco fueron un paraíso. Hubo en ellas relación de estratificación social, dominación, conflicto y violencia.

Pero esas relaciones de estratificación, dominación, conflicto y violencia fueron diferentes a las europeas y, lo más importante, estuvieron limitadas y reguladas por una serie de principio inmanentes e inviolables que garantizaban que no existiera en ellas ni siquiera la idea de la explotación de los seres humanos más allá de su salud, de la desprotección de los más débiles y de la agresión a la naturaleza, a pesar de que tuvieron un intenso desarrollo tecnológico, un uso extensivo de la naturaleza para la producción de bienes y una creciente abundancia material.

En esas sociedades, que no eran perfectas, la dominación, aún después de ser establecida tras un conflicto violento, tenía por responsabilidad inviolable el cuidado de los dominados, la garantía de su bienestar y de su participación federada en el nuevo orden que podía establecerse tras el conflicto, tal como debía garantizarse siempre el equilibrio con la naturaleza y el cosmos.

El orden de dominación estatal se sustentaba siempre en un excedente producto de nuevo gran aumento de productividad que el nuevo grupo dominante debía traer con sus conocimientos, sin tocar en nada la propiedad comunal de los dominados, y ese orden estatal tenía por misión servir mejor a los pueblos dominados, a sus intercambios y su bienestar.   

En ese orden, centenares de pueblos, entre los que había conflicto y violencia, vivían en una inviolable multiculturalidad donde se respetaban de manera absoluta todos los idiomas, donde se incorporaban todas las ricas y abundantes espiritualidades. Las mujeres eran un complemento indispensable de los hombres, no se concebía que fueran inferiores y ocupaban altos cargos de poder en el orden comunal, regional y estatal. 

Justamente, porque no eran sociedades perfectas, no eran paraísos inalcanzables, sino que sufrían de la estratificación social, la dominación, el conflicto y la violencia, es que representan un legado inmensamente valioso. Porque a pesar de todo ello, y a diferencia del mundo occidental moderno, supieron poner límites y regulaciones inmanentes e inviolables a esas expresiones para garantizar un Buen Vivir a todos, no un vivir perfecto, sino uno bueno.

Algo que la modernidad occidental simplemente no logró alcanzar, a pesar de los múltiples y ricos legados que también ha producido y ahora dialogan con el Buen vivir y otros pensamientos emancipatorios para buscar respuesta a la aguda crisis civilizatoria actual. Porque no se trata de negar los inmensos, más aún, imprescindibles, aportes que esta modernidad occidental hoy en crisis nos entrega como legado y base para la nueva vida que necesitamos construir.

La Responsabilidad

Ese componente esencial que el Buen Vivir rescata de nuestras sociedades andinas ancestrales, la de límites y regulaciones inmanentes e inviolables de la estratificación, la dominación, el conflicto y la violencia, como garantía del Buen Vivir, converge y se identifica en muchos aspectos con el de Responsabilidad. Uno de los tantos pensamientos y desarrollos emancipatorios generados a contra corriente en la modernidad occidental y que emerge con fuerza creciente como respuesta también a los críticos desafíos de la humanidad como una sola comunidad de destino internamente diversa.

La idea fundamental de que, aunque la lucha por los derechos, que surgió debido a su persistente negación en la historia, sigue plenamente vigente, en la medida que se mantiene esa negación en muchos ámbitos, los nuevos desafíos de esta época, hacen necesario complementarla con la lucha por las responsabilidades.

Kiribati y otras islas del Pacífico se hunden lentamente por el derretimiento de hielos que sube el nivel del mar, producto del calentamiento global. Sus cientos de miles de habitantes se están quedando sin territorio, sin país y sin nacionalidad. ¿Quiénes son exactamente los más responsables de ello? ¿Cómo construimos un orden donde quienes ejerzan el poder, tengan por responsabilidad inviolable garantizar el Buen Vivir de todos?     
 
Lo que sigue     

Esta convergencia entre Buen Vivir y Responsabilidad, pero también con múltiples y diversos otros pensamientos, desarrollos y paradigmas, conforman un dialogo de vocación mestiza, abierta, que se expresó en el espacio mágico de este encuentro. Reflexionando Brasil se reflexionó el mundo. Pero esta reflexión interactuó horizontalmente con las conversaciones y los sentimientos. El Buen Vivir nace necesariamente del Buen Reflexionar, el Buen Conversar y el Buen Sentir.

Las ricas y apasionadas reflexiones, por ejemplo, de los brasileños Nelton Friedrich (Água Boa), Sergio Mileto (Alampyme), Miriam Duailibi (ECOAR), Tiago Ferreira (Levante Popular da Juventude), Isis de Palma, Oriana White y “Mingo” T. Vasconcelos (OCA), y del pensador italiano Domenico De Masi, entre muchas otras, no sólo permitieron desatar la capacidad de soñar, imprescindible para cambiar la realidad, sino que también aportaron elementos útiles para las múltiples iniciativas y trabajos que todos los/as participantes desarrollan cotidianamente a nivel local.  

Finalmente, también tendieron puentes y elaboraron mapas para continuar este movimiento de renovación civilizatoria hacia la importante cita de la COP 20 en diciembre en Lima, Perú, cumbre de los estados y de los pueblos para enfrentar el alarmante cambio climático en curso, donde la sociedad civil, agrupada en el Grupo COP20 ha convocado a un masivo encuentro mundial para incidir responsablemente en los resultados de la cumbre.            

martes, 15 de abril de 2014

VENEZUELA: ¿POR QUÉ OPTAR POR EL GOLPISMO, SI PUEDEN GANAR ELECCIONES?

La relativa calma política que ha vuelto a Venezuela entrega la oportunidad de reflexionar más profundamente sobre el último intento golpista en ese país.

No sólo para reconocer la evidente falta de apoyo decisivo de la oposición de ultraderecha a sus intentos violentos por hacerse con el poder. Si bien la oposición electoral al gobierno chavista mostró un crecimiento considerable en las últimas elecciones presidenciales, alcanzando apenas un uno por ciento de diferencia por debajo del ganador, la apuesta por el golpismo violento es innegablemente minoritaria y no logran superar esta realidad ni siquiera la activa labor conspirativa de la CIA norteamericana ni todo el apoyo mediático internacional.
Sólo muy limitados segmentos de la población los apoyan y se muestran claramente como ajenos a la inmensa mayoría de venezolanos y venezolanas, sean de oposición o de gobierno. Peor aún, inevitablemente, las violentas “guarimbas” se muestran protagonizadas por jóvenes de extrema clase alta, con discursos y acciones fascistas, anti democráticas, o por lumpen delictual difícil de controlar hasta por los propios agitadores golpistas, lo que termina desprestigiándolas y aislándolas.      
Surge entonces la pregunta de fondo: ¿Por qué, si ya ha quedado demostrado que perfectamente la oposición venezolana puede ganar las próximas elecciones presidenciales (en las últimas estuvo a punto), la ultraderecha apuesta desesperadamente por la opción golpista?
La respuesta está en los objetivos de esta ultraderecha: instalar la política neoliberal que implica desmantelar las radicales políticas de garantía estatal a los derechos laborales y sociales de la población  (a las que llama “populismo”), así como de soberanía e integración continental para volver a las de beneficio del poder fáctico norteamericano al que responde.
Esos objetivos simplemente no pueden lograrse con sólo ganar el gobierno, lo que es perfectamente posible en las elecciones presidenciales. El proceso revolucionario ha generado un “pueblo chavista”, masivo, consciente y organizado, que aunque pierda el gobierno en elecciones, resulta demasiado fuerte como para dejarse arrebatar esos derechos que ha conquistado.
Ese pueblo chavista mantendría su fuerza en la Asamblea Legislativa y en los poderes municipales, como quedó demostrado en las últimas elecciones locales donde ganó con clara mayoría. Más preocupante aún para los golpistas, permanecería con fuerza en las Fuerzas Armadas, que difícilmente volverán a subordinarse a los planes norteamericanos y menos disparar alegremente a los reclamos de su propio pueblo, como hacían antes de la revolución.
Ninguna realidad es idéntica a otra, pero hay variables similares y ahí está el ejemplo del sandinismo en Nicaragua, derrotado en elecciones, pero fuerte en el movimiento popular y en el ejército, no sólo impidió una arremetida de reformas de ultraderecha, sino que retomó el gobierno por la misma vía electoral y hoy es uno de los puntales del ALBA.
Frente a ese ejemplo, la ultraderecha piensa, nostálgica y ansiosa, en el ejemplo de Chile, Allende y Pinochet. Un golpe de estado violento, que rompa y desmonte la legalidad democrática y permita barrer con un baño de sangre ese pueblo chavista en el movimiento social y las Fuerzas Armadas. Único escenario en que se podría implementar la política neoliberal que añoran y sueñan.
Algo que deberían reflexionar en serio, éticamente, quienes desde el progresismo se ven desorientados por la propaganda monopólica de los medios mundiales y creen ver una bandera democrática en la ultraderecha guarimbera de Venezuela. Si ésta se hace con el poder en Venezuela -Dios no lo permita-, ahí sí que verían, angustiados y arrepentidos, lo que es violación de derechos humanos.
Pero ya sería demasiado tarde.

 

   

 

miércoles, 19 de marzo de 2014

LAS PERLITAS NEO NAZIS QUE APOYA ESTADOS UNIDOS EN UCRANIA

“Sbovoda” (que significa “Libertad” en ucraniano) es el nombre que se da la “Unión Pan-Ucraniana”, el partido político y paramilitar de ultra derecha neonazi de Ucrania, públicamente racista y anti semita, que reivindica como ideólogo y “héroe nacional” a Stepan Bandera, principal aliado de Hitler en Ucrania durante la segunda guerra mundial, creador de las “SS” ucranianas y responsable de enviar a la muerte en campos de concentración a 400 mil judíos y opositores anti fascistas ucranianos.



Desde el año 1998 hasta el año 2009, el Svoboda se presentó a todas las elecciones de Ucrania sin superar nunca el 1% de los votos. En las elecciones de 2012, sin embargo, y ya como parte de la coalición pro tratado de libre comercio con la Unión Europea apoyada por Estados Unidos, subió al 10% de la votación.

Curiosamente, a pesar de que un 10% está lejos de ser una mayoría, el Sbovoda jugó un rol dirigente en las violentas protestas que desembocaron en el golpe de estado que derrocó hace unas semanas al gobierno democráticamente elegido de Víctor Yanukóvich, quien no sólo se había opuesto al tratado con la Unión Europea sino que prohibió todo homenaje al criminal de guerra Bandera, reivindicado por esta agrupación política.

Más sorprende aún es el hecho de que en el actual gobierno de facto ucraniano el Sbovoda tiene a destacados dirigentes e ideólogos como máximas autoridades. Entre muchos otros, los ministros de Defensa y Educación y el Fiscal general del Estado.  

Como ministro de Agricultura, tienen a Igor Svaika, no sólo reconocido neo nazi sino además uno de los más grandes terratenientes de Ucrania, lo que seguramente ha sido considerado como calificación para tal cargo. Mismo razonamiento se puede apreciar en el nombramiento como Director del Consejo Nacional de Seguridad de Andry Parubyi, jefe de los escuadrones paramilitares del Svoboda. Más difícil de comprender ese razonamiento es con Andry Moknyk, que ejerce como ministro de "Ecología" y es también el encargado de las relaciones del Svoboda con los grupos nazis europeos.

Estas son algunas de las perlitas del actual gobierno ucraniano, no elegido por nadie, llegado al poder por medio de la violencia, al cual Estados Unidos y sus aliados europeos pretenden obligar al pueblo de Crimea a que reconozca y acate.

 

jueves, 13 de marzo de 2014

UTOPÍA Y BUEN VIVIR. DESENCUENTROS HISTÓRICOS Y CONVEREGENCIAS EPISTEMOLÓGICAS

Elaborado en base a apuntes preparatorios para el II Encuentro Refletir Brasil – Governança e Criatividade. Paraty, Brasil, 24 a 27 de abril de 2014.

En Caral, la primera civilización suramericana, que data de hace cinco mil años atrás en la actual costa central de Perú, donde se erigieron las primeras y monumentales ciudades, las evidencias científicas muestran que durante diez siglos no hubo construcciones militares, ni ejército, ni policía, pero sí abundancia de comida, uso ritual y festivo de alucinógenos, instrumentos musicales, juguetes para los niños y dioses sin fiereza, benévolos y protectores de sus habitantes (Shady, 1999).

Cuarenta y cinco siglos después, en el siglo XV, cuando los invasores españoles llegaron a la costa de Chincha, a unos 360 kilómetros al sur de Caral por la misma actual costa peruana, encontraron que sus diez mil habitantes entraban a trabajar al mar por turnos, dedicando el resto del tiempo a regocijarse bailando y bebiendo, por lo que los españoles los tildaron de borrachos y ociosos (Rostworowski, 1988).

Son apenas dos ejemplos de un orden social que durante milenios se movió por una lógica distinta a las de otras partes del planeta. Donde existían relaciones de dominación, conflicto y violencia, pero que en lo fundamental concebía los saltos tecnológicos en las fuerzas productivas como fuente de abundancia para todos y felicidad colectiva. Donde todo estaba vivo y todo lo vivo era sagrado. Donde recíprocos intercambios mantenían equilibrios vitales entre las comunidades humanas, naturales y espirituales, las tres concebidas como equivalentes, incompletas y necesariamente complementarias. Donde, en fin, las élites dirigentes debían seguir ancestrales, estrictas e inviolables leyes de responsabilidad para sostener estos equilibrios y aquel bienestar, como límite y regulación, inmanente e inalterable, a las relaciones de dominación, conflicto y violencia (Grillo, 1993; Lajo, 2006; Milla, 2007 y 2008; Murra, 1972 y 1975; Roel, 2001; Rostworowski, 1988; Sholten, 1980; Valcárcel, 1997).

Es un hueso duro de roer para nuestra cultura occidental moderna, con un pesado legado filosófico e histórico de egoísmo, competencia e insolidaridad, naturalizado como “lo humano”, sobre las espaldas. Y tal vez uno más pesado todavía de autoritarismo intelectual y cientificismo hegemónico, descalificador de pensamientos alternativos, más aún cuando son considerados “resabios de atraso” “pre-científico” (De Acosta, 1590; De Sousa, 2010; Dussel, 1983; Mignolo, 2010; Quijano, 2000).

Nuestra primera reacción es a pensar que no fue posible; que es inconcebible que hayan existido tales sociedades; que seguramente se trata de una idealización irrealista de un pasado pretendidamente distinto; de inventarse un paraíso en la tierra, ajeno a la naturaleza humana; que algunos rasgos, si se quiere diferentes, no obstan para que en lo fundamental se haya tratado de lo mismo: competencia, dominación, explotación, egoísmo.

Tal vez por esto el humanista inglés Tomás Moro, quien escribió su famosa obra Utopía (Moro, 1516) dos décadas y media después de que Colón encontrará América para los europeos, ubicó esa isla que da nombre a su texto, y que mostraba un orden social opuesto al de Europa, más justo y equilibrado, en América del Sur, y hace su descripción a través de un supuesto navegante portugués que viaja a este continente con Américo Vespucio. Pero al mismo tiempo le niega existencia real al relato, al que llama primero “Nusquama”derivada de la palabra latina “Nusquam” que significa en ningún lugar, y que está emparentada con “Nunquan” que significa en ningún tiempo, nunca (Pardo, 1983).

Para Moro se trataba de reconocer la inspiración de su texto en la existencia de esas sociedades alternativas, al menos en algunos aspectos sociales fundamentales que aparecían más justos y equilibrados que los propios europeos; pero al mismo tiempo se trata también de relatarlos a un mundo, el europeo occidental, hegemónico, para el cual es inaceptable reconocer ninguna diferencia legítima, menos aún superior, a pueblos que considera“bárbaros” y elementos objetivos de “atraso” que obstaculizaban el progreso de la humanidad, como lo señalarán explícitamente, tres siglos más tarde, dos de los filósofos europeos más críticos y emancipatorios, en el Manifiesto Comunista (Marx & Engels, 1848).

En esa encrucijada y esa tensión, Moro finalmente opta por llamar a su libro, una aguda crítica social velada en ficción, con un nombre ambiguo o ambivalente: Utopía, que deriva del griego “topos” (topía) que significa lugar, y con dos posibles prefijos: “ou” que significa ningún o sin, o también “eu” que significa bueno o buen (Borges, 1995).

Curiosamente, Buen Vivir es el nombre con que en la actualidad, a inicios del siglo XXI, se rescata, re elabora y actualiza, la experiencia histórica de aquellas ancestrales sociedades latinoamericanas, especialmente andinas, justamente en esos aspectos que inspiraron a Moro, como nuevo paradigma civilizatorio, alternativo al occidental moderno en evidente crisis.

¿Un círculo (conceptual e histórico) que se cierra, como dicen los pueblos mayas?

¿Caminos que serpentean, se cruzan, separan y convergen, cincelados por encuentros y desencuentros históricos y epistemológicos?

¿La larga marcha de la humanidad por llegar finalmente a reconocerse a sí misma en su diversidad y en su comunidad de destino?

¿O el tejido difícil, paciente e insospechado, ojalá inevitable, de lo deseable, lo necesario y lo posible?

miércoles, 12 de marzo de 2014

UNA VIRTUAL CONFESIÓN DE DELITOS POR PARTE DEL APRA



UNA VIRTUAL CONFESIÓN DE DELITOS POR PARTE DEL APRA

Más allá de cualquier otra consideración, la irrupción de un grupo de apristas en un evento público para enrostrar al congresista Sergio Tejada su supuesta negativa a reconocer una hija, es de hecho una virtual confesión por parte del APRA de los delitos de corrupción del gobierno del ex presidente aprista, Alán García, cuyas fuertes evidencias ha registrado la “Megacomisión” que presidió dicho congresista. Es como si alguien te dijera: “oye acá hay fuertes evidencias de que has cometido delitos” y tú respondieras: “ya, pero tú no quieres reconocer a una hija”.
En efecto, ¿qué se puede pensar del hecho que la estrategia del APRA para enfrentar las fuertes evidencias de delitos en su anterior gobierno, recabadas por la Megacomisión de Tejada, no se refieran a desmentir dichas evidencias con datos y argumentos pertinentes, sino a descalificar personalmente al congresista investigador, todavía con acusaciones que rápidamente han resultado infundadas?

Vídeos y fotografías mostrados en prensa y televisión han probado incontestablemente que el grupo de una docena de personas que hizo la irrupción estaba conformado, no sólo por públicos dirigentes del APRA, sino que además pertenecientes o cercanos al círculo directamente involucrado en los delitos de corrupción registrados por la Megacomisión.

Por otro lado, se ha hecho público también que no existe ningún reclamo personal ni menos demanda judicial de paternidad que el congresista Tejada se niegue a otorgar.

En pocas palabras, una portátil aprista a todas luces armada a la rápida, descuidadamente, y justificada en una infundada argumentación de tipo personal que, muy reveladoramente, no tiene ninguna relación con las graves evidencias de delitos que motivan realmente la oposición del APRA a la Megacomisión y a Tejada.

¿No son estas evidencias de desesperación por parte del APRA, especialmente de los círculos directamente involucrados en los delitos registrados por la Megacomisión, ante el peso incontrarrestable de las evidencias que los inculpan?

Pero sobre todo y más importante aún, ¿No constituyen de hecho una virtual confesión pública por parte del APRA, especialmente de esos círculos más directamente involucrados en los delitos investigados, de que efectivamente sí los cometieron?